La deforestación, unida a la sequía, complica las perspectivas de aumentar el uso de los ríos polacos como rutas complementarias de transporte para distribuir el carbón que el país necesita importar tras el embargo al de origen ruso.
La necesidad de suministrar más carbón ha alimentado el propósito político de transformar los principales ríos polacos en vías fluviales, algo que los expertos contemplan como poco realista, incluso sin contar con la actual sequía.